El EMBARAZO y el POSTPARTO no dejan de ser situaciones vitales que requieren cierta adapatación, y no es raro que sean vividas con emociones contradictorias. EL EMBARAZO puede ser un camino feliz y lleno de ilusión, pero también lleno de inseguridades y ansiedad. En la mayoría de ocasiones la mujer se sobrepone a las emociones negativas y vive el proceso con plenitud. Pero para muchas futuras mamás, por determinadas circunstancias (historia de abortos previos, vulnerabilidad psicológica, características de personalidad, embarazo de riesgo, etc.) las emociones negativas se convierten en intensas e incontrolables requiriendo ayuda psicológica para disfrutar y vivir de una forma saludable el embarazo. 

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Además, el VÍNCULO que se desarrolla durante el embarazo entre la futura mamá y su bebé es de crucial importancia para el desarrollo del niño, por lo que un ADECUADO ESTADO PSICOLÓGICO de la madre favorecerá una relación más afectiva, feliz y saludable.

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El período POSTPARTO exige una adaptación ante un cambio en la vida, y muy frecuentemente una etapa de dudas y temores. El cansancio, los cambios hormonales y físicos de la recuperación del embarazo y el parto y toda la atención que demanda un recién nacido, pueden favorecer que la mujer se sienta vulnerable, insegura y con un estado de ánimo inestable.

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Entre un 50 y 70% de las mujeres que dan a luz un bebé experimentan la denominada MELANCOLÍA POSTPARTO (Maternity Blues), una fase de adaptación en la que se sienten cansadas, débiles, tristes y vulnerables. Normalmente estos síntomas desaparecen en pocos días (entre una y tres semanas), a medida que se van estableciendo rutinas, va pro
duciéndose la recuperación física y vamos adaptándonos a las necesidades del bebé. Si esta etapa se prolonga en el tiempo, y los llantos, los cambios de humor o la ansiedad nos impiden llevar a cabo nuestra función maternal con satisfacción tal vez estemos ante una Depresión postparto.

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La DEPRESIÓN POSTPARTO afecta aproximadamente al 13% de las mujeres (una de cada 8 ) y se calcula que en el 50% de los casos no es reconocida y por tanto, no se recibe el tratamiento adecuado. Los síntomas más frecuentes son la pérdida de interés por todo, alteraciones del sueño, sensación de vacío, tristeza, rechazo hacia el bebé, ansiedad permanente, cambios bruscos de humor, irritabilidad, llanto persistente, sentimientos de culpa e inutilidad y en ocasiones pensamientos recurrentes de muerte. Si se experimentan varios de estos síntomas tras un periodo prolongado tras el parto, que nos impide crear una normalidad en nuestra vida junto a nuestro bebé, ha de consultarse con un profesional que le ofrezca la ayuda psicológica y/o farmacológica adecuada.

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Por otro lado, en ocasiones, el parto no sucede con la normalidad que se desea. El período postparto puede convertirse en algo mucho más difícil para aquellos padres de BEBÉS PREMATUROS, o con problemas que impliquen su ingreso en una UNIDAD DE NEONATOS. La preocupación ante la incertidumbre acerca de la salud del bebé, el cansancio físico, las largas horas en el hospital, la separación de su bebé frágil y en peligro al que no pueden sostener en brazos, dejan a los padres en una situación de impotencia y enorme dolor y preocupación. Dejarse acompañar en este duro trance es importante para disponer de un espacio donde volcar la angustia y los temores y para encontrar un punto intermedio, una vez superada la situación, entre ofrecer seguridad a nuestro bebé y sobreprotgerle de forma excesiva que no le beneficie.

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