Entrevista a nuestra directora en Radio Euskadi:

Radio Euskadi. Programa: Boulevard Magazine: Mujeres que han decidido no ser madres. 20/07/2016 (min. 4:20)

 

http://www.eitb.eus/es/radio/radio-euskadi/programas/boulevard/audios/detalle/4253738/se-puede-ser-feliz-hijos/

 

¿Qué es el instinto maternal?

¿Es adquirido o innato? ¿Es un hecho natural que las mujeres quieran ser mamás, o se debe más bien a una imposición social? ¿Es natural o cultural?

Los científicos aseguran que no existen causas fisiológicas demostrables, y que este deseo no es algo innato que les obliga a querer ser madres. Hay mujeres que parece que sienten y entienden la maternidad como un impulso biológico y una llamada insistente, pero hay mujeres que no, por lo que se tiende a considerar que este sentimiento, viene condicionado más por la sociedad, la cultura, las creencias, el desarrollo personal y la estabilidad laboral.

Instinto es el complejo de reacciones, determinadas, hereditarias, comunes a todos los individuos de una misma especie y adaptadas a una finalidad, de la que el sujeto no tiene conciencia.

Sin embargo, parece que sí hay mecanismos biológicos y hereditarios por proteger, cuidar y alimentar hijo, así como un un vínculo especial entre la madre y el hijo. Por lo que el instinto maternal estaría más relacionado con la protección y cuidado de nuestros hijos una vez que han nacido.

¿Por qué hay mujeres que no desean tener hijos?

La maternidad o el deseo maternal es algo que históricamente la tradición ha «impuesto» a las mujeres como necesario para ser consideradas normales. Pero la sociedad ha cambiado y los roles de género, sobre todo el de la mujer, ha evolucionado.

Con el control de la natalidad y la generalización en el uso de los métodos anticonceptivos… al contrario que el resto de los mamíferos, la mujer tiene la posibilidad de renunciar o elegir ser madre.

Hoy en día las mujeres suelen tener hijos a una edad más tardía. Situaciones en la vida, como el trabajo, el no encontrar a la pareja adecuada, la falta de tiempo, el tener metas y objetivos incompatibles con la maternidad, sus recuerdos de infancia, la relación con sus padres, etc. van a influir en la decisión de tener hijos y de cuándo tenerlos.

Es sabido que en la actualidad muchas mujeres no desean tener hijos. La socióloga británica Katherine Hakim -autora del estudio Sin hijos en Europa- asegura que sobre un 20% de las mujeres europeas no son madres y solo un 3% es debido a su infertilidad.

La maternidad ya no es concebida por todas las mujeres como un plan vital.

Presión social

“Y vosotros, ¿para cuándo?”, “se te va a pasar el arroz”… Muchas mujeres que superan la treintena y aún no han sido madres escuchan con frecuencia estas frases; unas sentencias pronunciadas por personas de su entorno, desde familiares o amigos, hasta compañeros de trabajo o vecinos con quienes no se ha establecido ninguna confianza. Esta invasión de la intimidad forma parte de la presión social que las mujeres deben soportar en ocasiones cuando deciden postergar o eludir la maternidad. Esta insistencia puede provocar que se tomen decisiones inapropiadas, no basadas en una elección personal.

En el momento en que la mujer decide tener un hijo, los especialistas recomiendan que evalúe el sentimiento que le lleva a tomar esa decisión y valore si tiene más que ver con la presión social que ejercen sobre ella, que con su elección personal. Diane L. Dell y Suzan Erem, autoras del libro ‘¿Realmente quiero tener hijos?’, aconsejan en su obra pensárselo dos veces antes de optar por la maternidad si hay una sensación de estar bajo presión. Dell y Erem señalan que algunas mujeres toman la decisión prácticamente porque es “lo que se espera de ellas”, de modo que es necesario “asegurarse de que se tiene un bebé por cuenta propia y no por la presión de la familia o de los amigos”.

Consejos para tomar la decisión adecuada:

1. Aclarar la situación con la pareja: es necesario que la pareja afronte el tema de la maternidad con total sinceridad y claridad para evitar situaciones para las que no se esté preparado. Tanto si es una decisión común, como si es individual de una de las partes, es importante que exista un consenso real y meditado entre ambos.

2. Ser sinceros: en ocasiones, cuando la mujer tiene una pareja y una situación estable, la presión de los familiares y los amigos se basa en la especulación sobre si hay o no algún problema para engendrar hijos, más que en el interés y el apremio. Para evitar que la presión se incremente, es recomendable ser sinceros y decir de forma clara y contundente el motivo por el que no se desea afrontar la maternidad, ya sea porque no se está preparado, porque se prefiere esperar o porque se ha decidido no ser madre.

3. Imaginar la situación: el nacimiento de un bebé implica muchos cambios personales e incluso, en algunos casos, laborales. La mujer ha de evaluar e imaginar cómo podrá afectar la maternidad a su vida diaria para tomar una decisión basada en sus prioridades y no en las de los demás.

4. Relacionarse con niños: en ocasiones, resulta de ayuda aprovechar los momentos que se pasan con familiares o amigos que ya tienen bebés para evaluar de forma práctica el sentimiento que despiertan los niños en uno. Estas situaciones permiten, además, imaginar cómo puede ser la situación después de ser madre.

Renunciar a la maternidad, como resultado de una opción personal, supone toparse con presión social, y tener que estar justificando a través de multitud de argumentos, por qué se ha asumido esa posición. Uno de los prejuicios a los que más se recurre es el fantasma de la infertilidad, el cual se asocia con minusvalía e inferioridad en comparación con las que si son madres, ya que no se entiende que haya mujeres que por decisión y no por imposibilidad, hayan optado por darle prioridad en sus vidas a otras facetas distintas de la maternidad.

“La maternidad no puede ser un mandato social, sino una opción personal que puede resultar una experiencia muy gratificante cuando es el resultado de una elección libre”.

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